Hay un punto del estudio —si estás opositando lo conoces bien— en el que ya no puedes más, pero tampoco quieres rendirte al sofá y procrastinar con el móvil. Ese punto extraño en el que no quieres seguir, pero tampoco quieres parar.
 Porque parar del todo: te desconecta, te corta el ritmo, te hace sentir que hoy no has sumado.

Y ahí es donde entran las recomendaciones que verás a continuación, esas lecturas que no se estudian, no se subrayan y no se preparan para examen… pero te hacen sentir productivo.

Son libros que funcionan cuando estás en esa frontera rara.

Estas son mis recomendaciones para ese estado mental que tod@s conocemos:

  • Aprendiendo a aprender — Héctor Ruiz Martín
Explica, desde la psicología y la neurociencia, cómo aprende realmente el cerebro y qué estrategias son más eficaces para estudiar, memorizar y consolidar a largo plazo.
  • Sé amable contigo mismo — Kristin Neff
Introduce el concepto de autocompasión y muestra, con ejemplos y ejercicios, cómo tratarse con más respeto y menos autoexigencia dañina para mejorar el bienestar y el rendimiento.
  • El poder de los hábitos — Charles Duhigg
Analiza cómo se forman los hábitos, qué estructura siguen y cómo podemos modificarlos para cambiar nuestra vida personal y profesional de manera sostenible.
  • Hábitos atómicos — James Clear
Propone un sistema basado en pequeños cambios diarios que, acumulados, generan grandes resultados, con ideas muy prácticas para construir y mantener hábitos buenos y eliminar los que no ayudan.
  • El arte de no amargarse la vida — Rafael Santandreu
Presenta, con un enfoque cercano, claves de la psicología cognitiva para aprender a gestionar mejor los pensamientos y reducir el sufrimiento innecesario que nos generamos con nuestra forma de interpretar lo que nos pasa.
  • Come comida real — Carlos Ríos
Explica de forma sencilla en qué consiste la comida real frente a los ultraprocesados y ofrece pautas prácticas para mejorar la alimentación del día a día sin dietas extremas ni complicaciones.

Porque estudiar no es memorizar contenidos.
Porque tu rendimiento depende de cómo estás, no solo de lo que haces.
Porque avanzar sin cuidarte pasa factura, siempre.

Y porque, aunque no cuente en la nota, esto marca la diferencia entre llegar… o quedarte a mitad.

 

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